Racha

Palmenia

Mi compañera y heroína

Junto con saludar me presento, mi nombre es Segundo Astudillo, ya tengo 68 años y mi compañera y heroína se llama Palmenia.

Nuestra historia no es la más larga y emotiva, pero para mí fue un encuentro que siempre recordaré. He vivido toda mi vida en el campo trabajando y hace poco tiempo mi querida esposa y señora murió. Al poco jubilé y tuve que dejar mi trabajo, vivo con mi hija, pero nunca la veo ya que ella tiene que trabajar y estudiar. Me sentía muy solo y mi única entretención era dormir o caminar desde mi casa hacia la calle y ver cómo todos tenían un motivo para seguir adelante y yo sentía que mi vida se estaba comenzando a apagar.

Todo era monótono: ver cómo mi hija se iba en la mañana, salir de mi casa caminar a la calle ver cómo la gente pasaba, volver a mi sillón, y soñar con mis días alegres y llenos de colores los cuales ya no estaban, dejando un frío tono gris. Pero un día esto cambió. Al igual que todos los días seguía mi aburrida rutina de salir temprano en la mañana y caminar por el callejón que había desde mi casa hasta la calle, cuando de repente vi una pequeña mancha entre blanco y amarillo llena de tierra que deambulaba por los portones de los vecinos mirando si alguien le daba algo para comer, un poco de agua o tal vez alguna pequeña y leve caricia.

La verdad yo no estaba muy interesado en tener una mascota o hacerme responsable de otro ser, así que no la tomé en cuenta y seguí con mi rutina tratando de no ponerle atención, cosa que no duró mucho, porque esa pequeña patas cortas fue metiéndose en mi corazón. Todos los días salía a la calle y la veía, siempre moviendo su cola. Recuerdo que era muy divertido como corría hacia mí cuando me veía, se sentaba a mi lado sin hacer ruidos y me acompañaba tardes o mañanas enteras. Cada vez que salía a caminar ella me seguía en silencio, puede sonarles absurdo o algo que dice un viejo loco en su soledad, pero era como si ella me cuidara y se asegurara de que cada vez que salía de casa volviera sin problemas.

Si entraba a alguna casa, ella me esperaba como una guardiana o guardaespaldas, me hacía sentir importante, algo que me hacía reír. Poco a poco me di cuenta de que no estaba tan solo y mi monótona y gris vida estaba comenzando a cambiar, a tomar color, ella con sus pequeñas patitas y su desaliñado pelo blanquito estaba pintando nuevos colores con su alegría e inocencia. Fue así como un día salí a darle un poco de agua, pero no la encontré y me preocupé, la empecé a buscar hasta encontrarla acurrucada bajo un árbol. Se veía algo lastimada y coja, pero, aunque no pudiera caminar bien ella se levantó como pudo y lentamente fue hacia mí moviendo su colita como diciendo que estaba bien. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que Palmenia ya era parte de mi familia y de mi día a día, una buena amiga que escuchaba en silencio, una compañera que me seguía y acompañaba sin importar obstáculos.

Para algunos sus héroes son gente importante, actores, escritores, personajes de la historia, etc., pero para mí la heroína de mi vida y la que de verdad me rescató a mí y no yo a ella es la Palmenia, mi amiga y compañera que no se rindió conmigo y pintó de colores mis grises días, dio alegría y me devolvió la sonrisa, se metió en mi vida sin que me diera cuenta e hizo su lugar junto a mí.

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